En su tercer álbum, la británica se consolida como una de las artistas más escenciales para entender cómo suena el indie rock moderno.
En 11 emocionantes tracks que apuestan la serenidad más que a la robustez de las guitarras, la artista nos envuelve con su cálida voz y producción minimimalista que hacen del conjunto un viaje apasionante hacia su estado mental, cual diario de un actor que se preparó para una película.